Ultimamente he estado dedicando más tiempo a un trámite que se ha demorado más de lo que hubiera querido, como resultado me veo en la constante necesidad de alterar mi cronograma de actividades, y en cierta medida me crea algunos inconvenientes pero sobre todo tiempo muerto en algunas oficinas, entonces; mientras espero, me doy a la tarea de observar el movimiento de las personas. No tengo la seguridad de que todos sepan cuán evidente es poder ver en sus expresiones cuanto más en sus acciones o en sus palabras cuál es su estado emocional.
Es una costumbre adquirida, tras años de observar a las personas que asisten para realizar una mejora en la gestión y el manejo de sus emociones. No creo que haya mayor pérdida de tiempo, que tratar de construir un personaje o llevar una careta para disimular el descontento cuando no, la tristeza por tener que llevar una vida que escasamente reconocemos como la que nos hubiera gustado llevar. Entonces empezamos a construir castillos en el aire, con todas las mentiras que contamos a donde vayamos (trabajo, reuniones sociales, etc.), y; a pesar de todo nuestro esfuerzo la verdad siempre saldrá en algún comentario que dijimos casi sin darnos cuenta, en alguna acción que realizamos con una naturalidad absoluta. ¿Cuál es esa verdad? nuestra vida no es el cuento de hadas que le contamos a los demás.
No es la cadena de mentiras que decimos ( a veces a nosotros mismos), no son las apariencias que sostenemos y que mostramos a los demás, es una sola vedad, una simple y sencilla verdad: Nadie lleva una vida perfecta, en el mejor de los casos nos acercamos a ella, pero en la mayoría de los casos estamos lejos de aquello que realmente imaginamos que viviríamos.
Y es que los años no pasan en vano, nuestro espíritu y nuestra mente, van alcanzando nuevos niveles de madurez, entonces vemos y sentimos con más objetividad que lo que construimos con mucho esfuerzo ya no nos hace felices, y en lugar de detenernos a ver cómo podemos hacer nuevos ajustes o simplemente realizar cambios de importancia que tengan como resultado una vida que vaya más de la mano a lo que ahora somos y queremos, preferimos mirar al costado y seguir a pesar de todo.
Ese "a pesar de todo" nos pasa una factura más alta de lo que habíamos pensado porque se trata de nosotros, de nuestro bienestar, de nuestra felicidad. Hace falta mucho valor reconocer que las cosas ya no van bien.
No puedo hablar de salud emocional, sin hablar también de una adecuada salud espiritual y llegados a este punto, jamás dejaré de insistir en el hecho de que sin importar qué camino espiritual abraces, no dejes de lado esta parte de ti mismo, porque es tan importante como las demás, en cuanto a calidad de vida se trata y cuando hablo de "calidad" no me refiero a lo costosa o no que pueda ser tu vida, hablo más bien del grado de satisfacción interior que alcanzas con la vida que llevas.
Muchas personas se sorprenden por el tiempo que dedico de mi propia vida en ayudarles a mejorar el enfoque emocional que tienen, porque no entienden que invertir mi tiempo en ayudar a alguien a llegar a un nivel interior que les haga más feliz, es para mi, una actividad que enriquece mi espíritu y por tanto me produce mucha felicidad.
Resulta que hace mucho tiempo comprendí que participar de conversaciones vacías, en las que tienes que hablar de todas las casillas que llenaste (trabajo, familia, cuenta bancaria, viajes, etc. ) y presumir de ello, no me reportaba felicidad en modo alguno y ¿si tu no persigues tu bienestar quién más lo hará por ti?.
Sin embargo, me veo en la necesidad de aclarar que si todo lo anterior reporta felicidad en tu vida, bien vale la pena celebrarlo, porque la vida es un viaje único para cada quien y solo cada persona puede hablar con propiedad sobre aquello que le reporta felicidad, sin embargo; procura realizar esta evaluación de la forma más objetiva posible, el tiempo es tuyo, empléalo de la mejor forma.

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