¿Te ha pasado alguna vez, que un recuerdo se ha mantenido en tu mente de forma persistente?, puede que incluso se trate de una canción de la que ni siquiera recuerdas el título, pero la melodía se pasea por tu mente insistentemente, al punto que llegas a pensar que vas a enloquecer si no recuerdas cuál era el título. O por el contrario, has pensado que es extraño que recuerdes tanto un momento que ni siquiera tiene importancia. Bueno, como sabes, tengo gran admiración, por la mente y la increíble forma de funcionar que tiene.
¿Qué pasa con esos recuerdos?, ¿cuál es la razón por la que se presentan?, ¿por qué a veces los habitamos aunque nuestra mente este ocupada por las preocupaciones de siempre? y sí, los habitamos, porque es tan fuerte su presencia, que hasta podemos recordar detalles como el clima que hacía ese día, la ropa que traíamos o dónde estábamos en ese tiempo y lo cierto es que recordar es volver a vivir, así que sería bueno que empieces por preguntarte: ¿qué sentimiento despierta en tí ese recuerdo?, podemos al menos considerar que no apareció porque sí, verdad?
He pensado en esto, porque hay un recuerdo en particular al que mi mente vuelve una y otra vez, se trataba de un día común, una salida común, que hoy nada de común tiene, porque ese día estaba con dos personas a las que guarde cerquita de mi corazón, porque ya no tengo la fortuna de tenerlas conmigo y fue una gran salida, pero además de la melancolía asociada a sus ausencias, simplemente no conseguía descubrir cuál era la razón de su presencia, hasta que finalmente descubrí la razón y como ya debes imaginar, se trataba de un pequeño recordatorio sobre la persona que entonces solía ser.
Uno no puede reducir la vida a todo lo que se puede ver a simple vista, como sabes la vida es eso que pasa en todo lo que sentimos mientras interactuamos en las actividades diarias; y si bien el único tiempo que debemos habitar realmente es nuestro presente; hay, en ocasiones, la necesidad de revisar cosas que posiblemente dejamos pendiente que sin proponernolos siquiera regresan un día cualquiera, como luces de un semáforo que nos piden que detengamos nuestra marcha.
Habitar un recuerdo, es saber que el alma nos esta pidiendo que dialoguemos con ella, para recordar qué pensábamos entonces, qué metas teníamos o con qué soñábamos, la forma en la que tratamos a quienes están en nuestro recuerdo o las palabras que compartieron con nosotros. Hay un propósito por el cual, ese recuerdo en particular regresa al presente y solo tú puedes saberlo.
Hay mucho que sucede en ese mundo interior al que muy pocas veces damos importancia. Una de las cosas que lamento más de nuestros días, es que nos hayamos puesto al servicio de un mundo completamente material, y es así; porque así como un dolor es la alarma que enciende la necesidad de ir al médico, así también la mente nos lleva de regreso a momentos de nuestra vida que necesitamos revisar porque ya tenemos las herramientas o los conocimientos necesarios para explicarnos algo que quizá en su tiempo no comprendíamos, solo que conocemos tan poco de nuestro mundo interior que ignoramos por completo cómo interactúa con nosotros.
La vida solo puede entenderse y vivirse a travez de lecciones aprendidas, versiones mejoradas de nosotros mismos, el claro reflejo de nuestro crecimiento interior, el mismo que nos prepara para las nuevas tareas que tendremos a cargo, las personas nuevas que conoceremos, los nuevos lugares a los que tendremos que ir.
No hay nada que vivas porque sí; todo te esta preparando para el nuevo tiempo que se abre ante tí, pero como seguramente ya sabes; uno no puede tomar atajos, lo que necesita ser sanado o corregido se hará de cualquier forma, aunque para eso, debas viajar a tu pasado y resolver lo que dejaste pendiente.



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