De las primeras cosas que siempre recomiendo a las personas antes de emprender su camino hacia una nueva gestión emocional, es precisamente, realizar la limpieza de su alma, lo que sería equiparable a limpiar la casa por dentro; pero no se puede pensar en limpiar superficialmente, porque precisamente de lo que se trata es de despojarse de todas esas capas con las cuales hemos cubierto una sola verdad: Sufrimos.
No enfrentar esas "experiencias" que nos lastimaron o causaron heridas profundas, con el tiempo va opacando la vida, empezamos a vivirla como si tratáramos de ver a travéz de un vidrio empañado: Somos felices a medias, porque siempre asoma en nuestra mente y en nuestro corazón esa sombra de un pasado doloroso, entonces aprendemos a sonreír con un suspiro hondo que se nos escapa de ese lugar de nuestra alma, que pretendemos ignorar sin éxito.
Si pudieras responder con sinceridad cuando alguien te pregunta, cómo estás: ¿qué dirías?
Parte del proceso liberador de sanar, es vivir en conformidad con esa libertad a la cual tenemos derecho desde que nacemos, pero que por caminar con una fachada de fortaleza y "éxito", terminamos perdiendo a un costo muy elevado.
He aprendido a valorar y por que no, a admirar a las personas rotas que todavía se atreven a ser felices. Créanme, ellas están más cerca de serlo que aquellas que fingen ser perfectas, porque para emprender el camino de sanación, hay que empezar por reconocer que no somos emocionalmente perfectos, que la vida se nos fue ensuciando un poco, con los años y que hay que detenerse en algún punto, para limpiar esas "sombras" que fuimos acumulando, casi de una forma inconsciente e involuntaria.
Hay mucho que hemos escondido en ese pasado que ya no queremos mencionar, porque hacerlo solo nos llevaría a volver a abrir una herida(s) que creíamos superada(s), porque nos contamos el cuento de que "el tiempo sana todas las heridas".
Un tiempo sin acción, lo único que hace es esconder y darnos una falsa idea de fortaleza, eso sí; hace falta mucho valor para continuar el camino aunque hacerlo duela de formas que apenas alcanzamos a imaginar.
Soy de las primeras personas en invitar a la gente a vivir siempre en el presente, pero si lo que se quiere es que ese caminar sea completamente saludable, hay que regresar sobre nuestros pasos y sanar, desde la nueva persona que somos, con todo lo que ya aprendimos, con todo lo que ya sabemos. Por eso, hay un tiempo para cada cosa, también para sanar lo que nos hirió en el pasado, porque ahora tenemos más conocimiento, más herramientas para enfrentar ese dolor.
Quizá no hayas reparado en lo increíblemente maravillosa que es tu mente, hay una razón por la cual enterramos viejas heridas, resulta que nos movemos con una sabiduría que a fuerza de ignorarla, apenas alcanzamos a conocer, pero eso no significa que no la apliquemos por igual. Escondemos nuestras heridas a la espera de que llegue un tiempo en que nos sintamos más fuertes, para poder sanarlas del todo y es ahí donde recién cobra un completo significado: EL TIEMPO SANA TODAS LAS HERIDAS!!.
Las sanamos, no las ignoramos; ¿te das cuenta?

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