Escuche decir que si hay una fecha de nacimiento, con seguridad habrá una fecha de fallecimiento; mucho se ha dicho sobre la relatividad de la vida, pero creo que es necesario aclarar: la parte física de nuestro ser, evidentemente tiene un tiempo limitado; sin embargo, hay una parte de nosotros que no perece nunca: el alma. El espíritu es otra cosa.
El alma es la puerta que comunica lo terrenal con lo espiritual y es en este último estado de nuestro ser, en el que suceden las cosas más importantes de nuestra existencia.
Uno puede tratar de ignorar esta simple verdad y recorrer gran parte de su existencia en el plano material, pero aún aquellos que viven de esta forma, no pueden negar que la vida y la muerte son dos aspectos ligados entre sí. Uno no puede existir sin el otro; una gran contradicción y sin embargo parte fundamental de nuestra existencia.
Vivimos, aunque sabemos que vamos a morir y aunque esto, resulta ser una verdad indiscutible, no podemos negar que hay una parte de nosotros que muere a este mundo, pero perdura más allá, en ese "mas allá" del cual desconocemos casi todo.
Lo desconocemos sí, pero no caigas en la trampa de pensar que caminamos a ciegas, porque no es así; existe una buena parte de nuestro conocimiento depositado en esa parte de nosotros mismos, que ignoramos de forma consciente, no porque no sepamos de ella, que de hecho sabemos y mucho, más bien porque nuestra existencia, de una forma consciente se limita a todo aquello que ve y deja de lado aquello que siente.
Existe un proverbio africano: "Que la muerte te encuentre vivo", me bastó leerlo una sola vez para no olvidarlo nunca más; porque resume en sí, toda nuestra experiencia terrenal. Hizo que me pregunte, ¿de cuántas maneras permito que mi espíritu muera?, ¿lo hago todos los días?, quizá dejo que muera un poco cada día, en todas esas cosas que permito que me alejan de mi paz, de mi bienestar y de mi felicidad, ¿pero cómo lo hago sin darme cuenta?
Y si vamos a pensar en la muerte, entonces preguntémonos, qué nos hace sentir vivos, en cada uno de nuestros días. Uno puede haber vivido un día de su vida, pero ¿pudo haberse sentido vivo ese día?
Sucede que vivir, se vive; pero sentirse vivo es conectarse con todo aquello que nos manifiesta vida. Estamos rodeados de ella!! pero no es tan fácil verla, mucho menos sentirla.
Hay una palabra que aparece en un pasaje de la biblia (Mc 7:34): Efffatá, palabra de origen arameo que significa "abrete"; y te digo esto, porque a menudo, las más de las veces, necesitamos que todos nuestros sentidos se abran a todo eso que no vemos, a todo aquello que coexiste y que nos hace sentir vivos.
La vida puede esconderse en el encuentro sorpresivo con un perro al dar la vuelta una esquina. Si!!! tal vez para ti lo que acabas de leer parece no tener sentido, pero tuvo todo el sentido del mundo para mí, cuando hace dos días caminaba a a cumplir con un compromiso de trabajo, como debes imaginar, mi mente estaba inmersa repasando todo lo que debía llevar adelante no solo en ese compromiso de trabajo, también todas las tareas inherentes a ello que debía llevar a cabo, cuando de pronto, aparece de golpe un perro pequeño, que al encontrarme en su camino me miró tan asustado como yo, cuando repare en su presencia, con todos mis sentidos, simplemente lo miré y recuerdo haberle dicho "me has hecho asustar" para luego reírme creo que más como un acto voluntario para liberar tensión y continué mi camino, me reí todavía algunos metros más allá. Un hecho tan simple como ese, me distrajo y me divirtió al menos por un momento.
Vive tus días, cumple con todo lo que haya que cumplir, pero en el camino procura mantener tus sentidos muy despiertos para no perder de vista todas las formas en las que se manifiesta la vida y siéntela en toda su magnitud, que al final de cada día, no solo hayas vivido, que también te sientas vivo.
.jpeg)





