No me gusta pensar que hay buenos y malos tiempos, sencillamente porque es solo la vida siendo vida, con sus luces y sus sombras y si pensamos en la espiritualidad la cosa se simplifica mucho más aún, pues es solo la voluntad de Dios sucediendo y eso jamás esta mal, pero hay días, semanas, meses que realmente te gustaría dejar en el olvido; en ese rincón del alma al que jamás quisieras regresar por la fortaleza que tuviste que tener para enfrentar cosas que jamás imaginaste que lo harías y entonces cuando pensabas que ese tiempo quedó atrás, reaparece un día cualquiera de una forma inimaginable.
Aparece solo para recordarte lo difícil que fué, todas las dudas, los temores, la tristeza y todo lo que haya arrastrado consigo ese tiempo, pero como sabes uno nunca sale igual de tiempos así, no tienes la seguridad de que hayas salido más fuerte, porque no se siente así, pero debiste serlo; lo que si tienes por seguro es que Dios estuvo ahí, como lo esta hoy y como lo estará mañana y ese el punto de partida, el bastón en el que te apoyas, la mano que te sostiene y te invita a seguir.
SEGUIR, a pesar de toda tristeza, toda inseguridad, todo temor, toda duda. Sigues porque sabes que si Dios estuvo en el pasado, sosteniéndote en medio de la tormenta, lo seguirá haciendo hoy.
Sigues, porque la vida no se detiene, aunque tú detienes tu vida, la reduces a despertar cada día tratándote de convencer de que todo esta bien aunque no lo piensas así.
Si, nos gustaría que esos "malos tiempos" se queden en el pasado, pero a veces la vida nos juega una mala pasada y vuelven a tu presente y aunque a primeras luces no estés consciente de ello y quieras volver a la ansiedad que te genero ese tiempo, eventualmente empiezas a encontrarte con la personas más segura y más fuerte en la que te has convertido. Te descubres como esa persona de fe, que antes se acercaba a Dios, pero que hoy ya no imagina un día sin conversar con él y es en esas conversaciones que empiezas a darte cuenta que lo que sí no puedes hacer es reducir tu vida a unas cuantas actividades, por temor de que algo nuevo pueda presentarse.
Lo sabes, porque ahora conoces tu fe, conoces lo que Dios puede hacer en tí y en tu vida y empieza a crecer en tí una confianza que antes no conocías.
Entonces sabes que no son las personas (creo que nunca lo son), no eres tú; es Dios obrando en tí diciéndote:
SIGUE
Y puede que al principio no lo hagas con seguridad pero lo harás, te descubrirás dando un paso y luego otro y otro, hasta que comprendes que no importa lo que pase, lo que sí no puedes hacer, es dejar de vivir y no lo harás por nadie, salvo por ti; porque te descubrirás en todos esos días que ya superaste, en todo el valor que requirió enfrentar un día a la vez y sonreirás, en paz; porque descubrirás que no lo hiciste en solitario, que fuiste testigo de una promesa de Dios, que se hizo viva en tu vida: Yo estaré contigo hasta el fin de tus días
Todo inevitablemente vuelve a estar bien, porque a veces "esos tiempos" que no quieres recordar, regresan para recordarte que era solo una lección más; inesperada: SI, pero aprendida, igual que las demás. No eran "esos tiempos", los que amenazaban con volver, eran las heridas que aún quedan por sanar y que a fuerza de olvido habían sido enterradas, hacía falta que las vuelvas a mirar para cerrarlas en bien, confiando en que si el amor sana, cuánto más no hará el amor de Dios en tí.

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