¿Alguna vez haz escuchado decir: Bendita esa tormenta que me trajo de nuevo a ti? Este último tiempo no ha sido de los mejores de mi vida, pero hace tiempo que aprendí que todo tiempo por muy malo que sea, siempre trae algo bueno y es en esto que quiero concentrarme el día de hoy.
Si has pasado por el proceso de aprendizaje, de cualquier nuevo conocimiento que hayas adquirido, sabes que siempre esta el proceso de prueba y error y eso significa que te equivocas mil veces hasta que finalmente llegas a tu primer acierto, al que con seguridad le seguirán otros. Durante ese proceso, no te mortificas por tus errores, no te castigas por ellos y tampoco te tratas mal por ellos. Uno siempre corrige con amor.
Se sabe que el que ama, corrige y esto aplica para ti también; todos venimos con una "maleta" al nacer, en ella estarán nuestras lecciones, nuestros sueños, nuestros aciertos, y todo lo que a lo largo de tu camino formará el tejido de tu vida. Y si, existe un gran componente de incertidumbre, que algunos suelen llamar destino que nos lleva a las personas que conoceremos y que formaran parte de nuestro camino, nos llevara a lugares donde nos estableceremos, pero también es cierto que no todos los lugares serán buenos y no todas las personas estarán destinadas a traer bienestar a nuestras vidas.
Parte de vivir es saber que muchas de las experiencias vividas, forjarán la persona nueva que seremos y es parte de nuestra tarea quedarnos con lo mejor de cada experiencia. Sucede que a veces dejamos que nuestra alma se contamine; que ese espacio de luz que guía nuestros pasos a veces corre el riesgo de apagarse y sucede porque dejamos de escuchar aquello a lo que realmente estamos llamados a ser: personas de bien. Y no, por muy bonito que suene esto, no lo hacemos porque tenemos que cambiar el mundo o porque fuimos elegidos con una misión en especial. Lo hacemos por nosotros mismos. La felicidad no es algo que hallemos fuera de nosotros; y no, tan perdidos no estamos, solo que a veces extraviamos un poco el camino.
A veces, comprometemos tanto de nosotros mismo en aquello que pensamos es nuestra felicidad que dejamos de ver con objetividad, dejamos que sea "la otra persona", la situación, el sueño, el proyecto; sea cual sea la razón que esta restándonos la paz y el bienestar al cual tenemos derecho, el que empiece a robarnos la claridad con la que debemos caminar.
No todo lo malo que sucede, es completamente malo; las más de las veces trae más de bueno de lo que alcanzamos a comprender en el momento y no nos daríamos cuenta de ello si por nuestra propia voluntad repetiríamos el error una y otra vez, en el afán de sostener algo que en el fondo de nosotros mismos sabemos que no nos pertenece y que no forma parte de nuestro camino, de nuestra felicidad.
Dios nos corrige con amor, porque para él nuestra vida tiene un propósito, él permite que pasemos por tiempos de oscuridad para que podamos ver la luz y caminemos hacia ella; a veces extraviamos el camino y no nos damos cuenta.
No es una tarea difícil saber cuándo estamos caminando en dirección equivocada, solo tienes que estar atento cuando ya no te sientas bien en algún lugar, cuando las palabras que lleguen a tí ya no sean de bendición; puede que sean los semáforos rojos que te están indicando que te detengas y redirecciones tus pasos.
Benditas sean las tormentas que nos hacen regresar a Dios y al propósito de nuestra existencia.

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